Primavera castellana en Burgos

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Viajes

Primavera castellana en Burgos

Por Mi_Nueva_Edad, | 18 Mayo, 2018

Por el corazón de Castilla, es inevitable que nos detengamos en Burgos. La que fue capital del reino y corte de muchos reyes castellanos, es una de las piedras preciosas de la meseta. Y ahora que hace buen tiempo, porque si no es para pensárselo, esta preciosa ciudad se presta a disfrutar de su patrimonio cultural imprescindible, en compañía eso si, que los amigos complementan un buen viaje.

Si, en invierno es difícil decidirse por algunas capitales castellanas por el frío que las invade. Esto no quiere decir que no estén llenas de encanto, sobre todo si las nieves aparecen. Por eso creemos que esta es una época perfecta para una escapada a Burgos, para irse de tapas por el centro histórico, con unos buenos vinos y entre tapa y vino, siempre algo interesante que ver.

Un poco de historia

Aunque la fundación de la ciudad data de los años en los que se formaba el Reino de Castilla derivado del leonés, allá por el 884 por el conde Diego Rodríguez Porcelos, en los alrededores existen señales de humanos desde la prehistoria. No hay que olvidar que el archiconocido yacimiento de Atapuerca se encuentra a tan solo 15 kilómetros de la capital castellana. Así que ya sabéis que esta puede ser una visita obligada de la escapada.

Al poco de su fundación ya se convirtió en capital de Castilla y durante siglos, de manera intermitente, fue corte hasta que finalmente Toledo la desbancó tras su reconquista.

Los siglos finales de la Edad Media y hasta el siglo XVI en el renacimiento, fueron sus años de esplendor y si hay un estilo que la representa es el gótico, que alcanza aquí cotas estratosféricas, sin desdeñar el renacimiento sobre todo a nivel escultórico en muchos de sus retablos.

El paseo más plácido

Burgos, a orillas del río Arlanzón, aunque atravesada y cercada por muchos otros cauces de menor entidad, se sitúa mayoritariamente sobre una llanura a algo más de 800 metros sobre el nivel del mar y salvo algunas elevaciones que no llegan a los 100 metros, como es el caso del cerro donde se asientan los restos de su castillo devastado por las tropas napoleónicas.

Su fisonomía casi rectilínea y en llano se presta al paseo sosegado y al disfrute de su ingente patrimonio, mucho del cual está declarado Patrimonio de la Humanidad con su extraordinaria catedral como estandarte.

Y claro, de ella vamos a hablar, pues aunque no necesita presentación, no está demás recordar que es una de las cumbres del gótico mundial. Construida en el siglo XIII casi de un golpe, con trazado y modelo en las catedrales francesas de la época y con añadidos del gótico final realmente deliciosos como son su característico cimborrio, las agujas de las torres de su fachada o la bella Capilla del Condestable.

Además, de Santa María la Mayor de Burgos, caben destacar su famoso reloj del Papamoscas, la portada de la Pellejería ya del renacimiento, la obra maestra pictórica del italiano Sebastiano del Piombo “La sagrada familia” (una delicia para la vista), sus vidrieras y más obras escultóricas y pictóricas en su interior de primer orden, que la convierten en una joya imprescindible de la historia del arte universal, además de la tumba del legendario Cid Campeador. Merece la pena dedicarle toda una mañana y detenerte hasta en el más mínimo detalle.

A las afueras nos encontramos con el monasterio cisterciense de Santa María la Real de las Huelgas, otro de los grandes orgullos de os burgaleses. Es uno de los más grandes de España y lugar de entierro de nobles y reyes castellanos.

La Cartuja de Santa María de Miraflores, a tres kilómetros de Burgos, es el otro gran edificio en importancia de la ciudad. De finales del gótico, su riqueza pictórica y escultórica, obra de artistas de la talla de Gil de Siloé, Simón de Colonia o Pedro Berruguete, hace de su visita una auténtica experiencia estética. No te la pierdas.

Y claro que Burgos tiene mucho más que ver. Iglesias como la de San Gil Abad, San Nicolás de Bari, Santa María la Real y Antigua de Gamonal, la de la Merced, la de San Esteban (Museo del Retablo) y muchas más o el Palacio de Castilfalé, el Colegio de San Nicolás, actual Instituto López de Mendoza, el Hospital del Rey o las puertas de entrada a la ciudad como la bella del Arco de Santa Ana.

Es difícil terminar aquí nuestra recomendación, pues nos dejamos muchos más puntos de interés, pero mejor que los vayáis descubriendo.

Burgos fue la capital de Castilla y eso vibra en sus calles. En compañía de buenos amigos, de esos que te abren los ojos a aquello que para ti pasa desapercibido, descúbrela como un viaje imprescindible, admira su patrimonio cultural y saborea la primavera castellana.

 

Imagen: Vista de Burgos (commons.wikimedia.org)

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