Un propósito en la vida: el ikigay

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Un propósito en la vida: el ikigay

Por Mi_Nueva_Edad, | 24 Enero, 2018

Tener un objetivo en la vida es el sueño de cualquiera. No obstante, muchas veces confundimos o erramos en él. El “ikigay” es un término japonés que conecta directamente con la felicidad. Significa algo así como “propósito en la vida” y tiene mucho que ver con compartir, con amar, con tu vocación. Es algo que puedes encontrar a cualquier edad sin embargo, los mayores de 50 lo tienen más fácil.

Un concepto filosófico

El ikigay proviene de dos vocablos japoneses. Por un lado iki que hace referencia a la vida y kai, que tiene que ver con un propósito, la realización de aquello que uno espera o desea.

Este término acuñado más de mil años atrás, evoca no solo un concepto de manera unívoca sino una serie de premisas que van mucho más allá de la realización de un sueño en la vida. El ikigay es una razón para vivir y ser, un motivo por el que nos levantamos cada mañana. Es el sentido de la vida para los japoneses.

Muchas personas no son capaces de encontrar su ikigay a lo largo de la vida y la razón más importante es porque están buscando en el sitio inadecuado. La mayoría de las veces es porque buscan fuera de sí, cuando lo que realmente necesitas es buscar dentro.

Por supuesto que no tiene nada que ver con lo material. Esto no quiere decir que no pueda ir aparejado a una remuneración, muchas veces es así. Tampoco quiere decir que el objetivo sea algo grandilocuente. No, suele ser algo mucho más cotidiano. Tan fácil de encontrarlo que somos incapaces de verlo.

Por todo ello es más posible localizarlo cuando hemos adquirido todo un bagaje de experiencias. Por eso a partir de los 50 se nos hace más accesible, cuando hemos vivido lo suficiente para identificar aquello que verdaderamente nos hace más felices. De hecho en la sociedad japonesa es muy común que los más mayores confiesen que lo acaban de encontrar.

La filosofía basada en el ikigay hace especial hincapié en no buscar demasiado lejos, en tenerlo muy presente y en proyectarlo hacia el futuro. Debes tener claras algunas cosas:

- Lo que amas

- Lo que sabes hacer bien

- Lo que crees que los demás necesitan de ti, incluyendo la propia naturaleza

- La razón por la que crees que deberías recibir un salario por ello

En esta última premisa se podrían hacer algunas objeciones porque tal vez tu ikigay no tiene una remuneración asociada. Nos explicamos mejor.

Un ikigay puede tener que ver con el simple hecho de cultivar un pequeño huerto o hacer reír a tus nietos o amigos. Eso es lo que verdaderamente te hace feliz. Tal vez sea colaborar como voluntario en una ONG o prestar ayuda a tus vecinos más cercanos. Como veis, a veces lo más inmediato y sencillo puede dar completo sentido a la vida.

Lo que está claro es que si consigues identificar las respuestas a las cuatro premisas anteriores, será mucho más simple hallar tu propósito.

Gordon Matthew, profesor de antropología de la Universidad de Honk Kong y estudioso del ikigay nos revela unos puntos interesantes para conectar con nuestro ikigay:

1. Está más cerca de lo que te imaginas y no es nada extraordinario.

2. Renueva los motivos por los que es tan importante.

3. Relativiza las cosas de tu vida que no te gustan porque el ikigay le da sentido a la existencia.

4. Todo lleva su tiempo. La paciencia es tu mejor arma.

5. El egoísmo no te va a servir para encontralo.

6. Se consciente de la fragilidad de las cosas. Los motivos de tu ikigay pueden desaparecer de la noche a la mañana. Así es la vida.

7. Pon en cuestión tu ikigay pues la vida y la experiencia nos llevan hacia un lado cuando tenemos 20 años y puede que hacia otro cuando tenemos 70.

Propósito en acción

Es obvio que de nada nos sirve la pasividad en la vida y mucho menos en la búsqueda de nuestro ikigay.

El ejemplo más claro lo encontramos en la isla japonesa de Okinawa en donde se concentra la mayor densidad del mundo de personas centenarias. La buena alimentación, pocas y estrechas relaciones humanas tanto con la propia familia como con amigos cercanos, compartir mucho con ellas y el propio ikigay parece que es la combinación perfecta para considerarse una persona feliz y longeva.

Llama la atención como muchas de estas personas afirman que sus relaciones sociales con amigos o cultivar su propio huerto se ha tornado en su verdadero ikigay. La vida se justifica muchas veces en objetivos sencillos.

Levantarse, sonreír y hablar con su círculo, dedicarse a su huerto, bailar, charlar otra vez con sus amigos, hacer ejercicios diarios...tal vez a eso se reduce la verdadera felicidad. Al menos eso piensan los abuelos de Okinawa. ¿Y tú que crees?

Conecta con tu ikigay, identifica lo que amas y compártelo con los tuyos, porque tu propósito, tu verdadera vocación en la vida te acercará a la felicidad y más ahora que superas los 50.

 

Imagen: Monte Fuji (en.wikipedia.org)

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