Envejecer nos hace más poderosos, por Frances MacDormand

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Envejecer nos hace más poderosos, por Frances MacDormand

Por Mi_Nueva_Edad, | 22 Enero, 2018

Nuestra sociedad se muestra esclava de la imagen, y más aún en el caso de la mujer. El ideal de belleza, en gran medida, emana del propio Hollywood. Una de las mejores actrices norteamericanas, Frances Macdormand, desde dentro, se ha propuesto con su ejemplo reivindicar las arrugas, las canas, la edad, y rechazar el denominado “edadismo” imperante a partir de los 50 años. Envejecer nos hace más poderosos.

La máscara

Cualquiera es libre de transformar su aspecto físico a su antojo, faltaría más. A quien más y a quien menos le ha apetecido o le apetece muy a menudo esconderse o juguetear con su aspecto físico, con su imagen.

Nos disfrazamos aunque no nos demos cuenta en muchos momentos, incluso en los más cotidianos como ir al trabajo, nos vestimos a la moda, o tal vez nos guste provocar algo en los demás, y no necesariamente de índole sexual, y optemos por algo más teatral. Si nos hace felices, adelante con ello. Tampoco es plan de ponerse moralistas.

El problema de nuestra sociedad, la prueba de su enfermedad es el creciente edadismo. La discriminación por motivos relacionados con la edad, obliga sobre todo a la mayoría de las mujeres por cuestiones machistas a aparentar juventud. Que los años, a partir de los 50, tienen que disimularse tanto en el ámbito meramente social como en el laboral.

El caso de los hombres es distinto. Una vez más para ellos es más fácil. No serán sojuzgados como ellas, no están tan obligados a aparentar algo. Y decimos “tan” porque también son esclavos de la imagen, del culto a la juventud por encima de cualquier otra cosa.

El maquillaje muchas veces se presenta como un tirano absoluto, tratando de ocultar, disimular y camuflar el rastro de la vida en sus propios rostros y si no, automáticamente te conviertes en un bicho raro. Tú, que te muestras orgullosa de haber vivido y querer seguir haciéndolo sintiéndote hermosa, sin ruborizarte ni tener que pedir perdón por haber llegado hasta aquí. Y así, y quieres seguir envejeciendo, cada vez más sabia.

Y qué decir de la obsesión por la cirugía plástica, por cambiar tu fisonomía, por ser una versión mejorada, actualizada de uno mismo. Percibiendo siempre el paso del tiempo en negativo. Algo estamos haciendo mal, pensando mal, para minar así nuestra propia autoestima.

Las reivindicaciones de Frances MacDormand

Si hacemos foco en Hollywood todo se extrema mucho más. Todo el aura de glamour y obsesión por la imagen que envuelve a la meca del cine, esconde una gran y patética hipocresía. Todos envejecemos y al hacerlo, perdemos muchas cosas y ganamos muchas otras. Sucede durante toda la vida. ¿Por qué a partir de los 50, incluso de los 45, debemos sentir vergüenza por como nos vemos frente al espejo?

Es aquí donde se planta la ganadora del Oscar por Fargo en 1996, tres veces más nominada por la Academia y triunfadora de muchos más premios en el campo del cine, del teatro y la televisión, pues reivindica su derecho a no falsear su imagen.

La reciente ganadora del Globo de Oro a la mejor actriz por Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (Tres anuncios en las afueras), se presentó en la alfombra roja sin rastro de maquillaje y una vez más reafirmó su proceder.

Ya en 1997, cuando ganó su estatuilla por Fargo (una de las muchas veces que ha trabajado con su marido Joel Coen) declaraba al New York Time:

"No he mutado mi cuerpo de ninguna manera. Joel y yo tenemos muy a menudo esta conversación. Literalmente, él me tiene que frenar físicamente cuando se lo digo a la gente, con amigos que he trabajado. Me aterra y me enfurece ver lo que se han hecho".

Recientemente se empoderaba de esta manera: “siento la necesidad de representar públicamente lo que he decidido mostrar en privado: una mujer orgullosa y más poderosa que cuando era joven. Y creo que ese orgullo se puede admirar en mi rostro y en mi cuerpo".

“Quiero ser un modelo a seguir no sólo para hombres y mujeres más jóvenes, y no solo de mi profesión. No hablo de mi trabajo. Creo que los arreglos cosméticos de mi profesión son solo un riesgo laboral. Lo digo en un sentido más cultural. Estoy muy interesada en empezar una conversación sobre envejecer con dignidad. Creo que el edadismo es un enfermedad cultural, no personal".

"Nadie quiere hacerse mayor. La madurez no es un objetivo. No se percibe como un regalo. Algo ha pasado culturalmente: se supone que nadie debe envejecer a partir de los 45.

El edadismo se muestra como una lacra para nuestra sociedad. La reivindicación de las arrugas por parte de Frances MacDormand la sitúa como una de las mujeres más coherentes del Star Sistem y un ejemplo para todos y todas. El envejecimiento como un logro, como una señal de belleza. Más poderosos a partir de los 50.

 

Imagen: Frances Macdormand en un fotograma de Fargo (1996) de los Hermanos Cohen (icarolavia.blogspot.com)

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