El libro del mes: Gilda en los Andes

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Cultura y Ocio

El libro del mes: Gilda en los Andes

Por Jose Carlos Rodrigo Breto, | 31 Mayo, 2017

Título: Gilda en los Andes

Autor: Fernando Marañón

Editorial: Berenice

Número de páginas: 410

Año: 2017

Esto es entretenimiento 

Lo primero que sorprende en esta Gilda en los Andes de Fernando Marañón, un experto cinéfilo con una solvente y dilatada carrera como crítico, es la elección de una estructura clásica de novela de género para llevar a cabo su particular homenaje al cine, repleto de guiños, requiebros y misterios. En efecto, misterios, porque el cine entraña en sí mismo un misterio, ese asombro que se pone en marcha cuando las luces de la sala se apagan.

Y qué mayor enigma que aquello que permanece oculto en el interior de una lata de película, o tal vez al final de la misma, cuando ya han desfilado todos los títulos de crédito y esperamos que aparezca el sargento Nick Furia, parche en el ojo y empachado de cuero, para reclutar al Capitán América… Entonces, si leemos a Fernando Marañón, descubrimos que al final del metraje de una extraña película de culto pueden albergarse unos fotogramas secretos capaces de acabar con la estabilidad de un Estado nórdico, de comprometer a una monarquía o de poner en danza a espías que vinieron del frío con el gatillo fácil.

Espías, en efecto, Fernando Marañón opta por el género negro (¿existe, junto con el western, otro género que cuadre mejor con el lenguaje del celuloide?) para vestir con ese traje a su novela y retratar, así, a un grupo de cínicos y desengañados, movidos por un motivo tan cinematográfico como es el intento de tomar “el último tren”, ya que estos personajes suelen encontrar en las últimas oportunidades, siempre, su fracaso, así como los motivos para hallar una nueva esperanza.

El género negro le exige al autor un rígido respeto por una serie de códigos que mantiene a la perfección: los malos son malísimos y los buenos algo inocentes, todos fuman y beben muchísimo, las mujeres son fatales y se codean con asesinos sin escrúpulos, los personajes secundarios poseen una presencia contundente en la historia, y la acción se desliza como por un embudo hasta reventar con un desenlace sorprendente. Fernando Marañón entiende esta novela como lo que debe ser una película: puro entretenimiento.

Entretenimiento por encima de otras consideraciones. La lectura de Gilda en los Andes es una aventura virada en sepia, una inmersión en esa noche americana del ártico en donde se desarrolla gran parte de la trama, una oscuridad con destellos de gran cine y de buena literatura que, cuando finalmente se han encendido las luces de la sala, nos ha dejado metidos en nuestra propia película. Una película en donde ya no hay ni buenos ni malos, ni espías ni asesinos; nos queda, y eso es lo mejor, el agradable regusto de una sólida narración.

 

Fotografía: José Carlos Rodrigo Breto

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