De una hija sobre su madre

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De una hija sobre su madre

Por Mi_Nueva_Edad, | 08 Marzo, 2017

En el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en Mi Nueva Edad no se nos ocurre una mejor forma de celebrarlo que compartir las reflexiones de Clara, estudiante de psicología de 18 años, en las que rinde un emocionante homenaje a todas las mujeres con la mirada puesta en su referente más próximo: su madre Nieves. Os invitamos a conocer como se sienten millones y millones de mujeres en todo el mundo y en particular, las mayores de 50 años.

Los días de las mujeres

Hace 14 años, cuando yo tenía cuatro, mi madre decidió abandonar su puesto de trabajo. Yo soy una chica con alergias y se me hacía muy complicado permanecer en el comedor del colegio. Obviamente la que dejó el trabajo fue mi madre; ya no solo por el hecho de que era ella la mujer, sino porque su salario era menor.

Me parecería casi irónico no hablar, en un día como hoy, de las desigualdades salariales en cuanto a género en el seno del trabajo. Según últimos estudios, la brecha salarial de género ronda el 24%; aunque es muy difícil situarla con exactitud. Ésta brecha salarial no son únicamente esas situaciones descaradas en las que dos personas que están en un mismo puesto de trabajo, cobran cantidades distintas en función de su sexo.

Ésta desigualdad se encuentra más bien en el hecho de llamar o evaluar de distinta manera a personas que realizan un trabajo con el mismo valor. Al llamarlo de distinta manera, aunque el valor del trabajo sea el mismo, parece que se encuentra una excusa para que los salarios sean distintos. Pero, a diferencia de lo que creen muchas personas, no es solo esta diferencia salarial lo que reivindicamos todas las mujeres.

Desde que mi madre dejó su puesto laboral, todo el trabajo que conlleva una familia y una casa ha recaído sobre sus hombros. El problema actual con la figura de la mujer, no es solo que no se aprecie el trabajo como cuidadora o ama de casa, sino que, más allá de valorarlo, se obvia.

Si te paras a hablar con un ama de casa, caes en la cuenta de que son 24 horas de un trabajo que lejos de aportar algo, desgasta. Todo el mundo necesita refuerzos, todo trabajo tiene su refuerzo positivo (para empezar, un sueldo); y es muy difícil mantener una motivación día a día si no los recibes.

Si hablásemos de otro trabajo cualquiera, lo llamaríamos “explotación”. Pero con la figura de ama de casa no, porque eso es “obligación”.

Además de nuestro cuidado, mi madre también eligió cuidar a mis abuelos, quienes vivieron en nuestra casa hasta el día de su muerte. Durante 10 años, mi madre se ocupó de cuidar a sus dos padres, con dos enfermedades tan duras como son el Alzheimer y el cáncer. Lejos de ser una obligación, mi madre hizo esto por amor; pero es innegable la presión que recae sobre un cuidador.

Hace dos años, decidió que ya era momento de reincorporarse al trabajo laboral y empezar a dedicarse a sí misma, después de 14 años dedicándose a los demás. Huyendo de su antiguo trabajo (el de secretaria), que aparte de estar feminizado está extremadamente infravalorado, decidió que quería trabajar en una tienda. A ella le gusta mucho la moda y le encanta hablar con la gente, así que ese trabajo era perfecto.

Sin embargo, y por desgracia, a sus 52 años se ha encontrado con un sistema laboral que lejos de valorar la inteligencia emocional y la madurez intelectual, busca cuerpos bonitos y personas jóvenes más “explotables”.

En una sociedad como la actual, se hace urgente buscar humanidad. Por eso hoy me parece el día perfecto para destacar la figura de la “otra” mujer trabajadora, de la trabajadora de la que nadie habla. Día para defender a las personas que, como mi madre, se encuentran doblemente estigmatizadas en el mundo laboral; por mujer y por "mayor de 45". Día para reclamar oportunidades para quien aún no ha tenido la suerte de poder demostrar todo lo que vale.

La sociedad somos nosotros y nosotros somos los únicos que la podemos mejorar.

 

Clara Reguilón del Monte

 

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