Unas orcas oportunistas

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Medio Ambiente

Unas orcas oportunistas

Por Mi_Nueva_Edad, | 13 Noviembre, 2017

La naturaleza es sorprendente. Un pequeño grupo de orcas del Estrecho de Gibraltar sobrevive gracias a la pesca tradicional del atún rojo. La conservación del medio ambiente depende de la actividad humana, unas veces para mal y otras para bien. Conoce como a través del pillaje, estos inteligentes cetáceos han conseguido mantener su población y por qué es necesario aumentar la cuota de pesca del atún rojo.

En muchas ocasiones la actividad humana incide de manera decisiva en la conservación de la naturaleza. El urbanismo salvaje, la contaminación, la despoblación de zonas rurales, las repoblaciones de árboles no autóctonos o la pesca indiscriminada con artes no tradicionales, son algunos de los ejemplos que agravan el deterioro del medio ambiente y la pérdida de biodiversidad.

Pero en otras ocasiones son ciertas actividades humanas las que pueden ayudar a la conservación. En el caso del lince ibérico por ejemplo, se efectúan sueltas de conejos para fomentar la consolidación de sus poblaciones. A veces es necesario depositar ganado muerto para la supervivencia de aves carroñeras o incluso la caza controlada para mantener el equilibrio de especies en una zona debido a la desaparición de especies depredadoras como el lobo.

El caso de las orcas del Estrecho

Un estudio desvela como han conseguido mantener su población el pequeño grupo de 50 orcas que se alimentan en aguas de Cádiz.

Resulta que en ese estudio liderado por la bióloga Ruth Esteban, se ha llegado a la conclusión de que aumentar las cuotas de pesca en la zona con el tradicional arte de la pesca denominado palangre puede asegurar la población de las orcas.

El atún rojo es una especie que forma parte de la dieta de estos cetáceos. Es precisamente la pesca indiscriminada con malas artes como el arrastre la que ha llevado a la especie al borde de la extinción en todo el mundo. Otro ejemplo más de como la acción del hombre afecta de manera desastrosa a la biodiversidad.

Sin embargo el palangre es una técnica selectiva de pesca, menos agresiva para el atún y para muchas otras especies marinas que terminan siendo descartes. Consiste en sumergir el cebo con una piedra hasta el fondo marino, soltar esa piedra y poco a poco recoger el hilo hasta que un atún rojo muerde el anzuelo.

Los atunes desovan en el Mediterráneo en el verano para después regresar al Atlántico y es en ese momento en el que las orcas aprovechan para cazar. Por la escasez cada vez mayor de este preciado manjar tanto para los humanos como para las orcas, estas han aprendido algunas lecciones.

Las familias que no han aprendido a cazar atunes aprovechando la actividad humana no han conseguido aumentar sus tasas de natalidad. Por el contrario, las familias que han optado por el pillaje, es decir por robar atunes pescados por el hombre, si han conseguido aumentar su natalidad o al menos mantener su población.

El problema es como conciliar la actividad pesquera tradicional y respetuosa con el medio ambiente marino, con el daño que supone esta picaresca animal para los pescadores.

Por eso los científicos, y esta vez apoyados por el Ministerio de Medio Ambiente, han propuesto aumentar las cuotas de pesca con palangre en la zona y evitar así la caza de las orcas que se estaba produciendo como consecuencia de haberse convertido en una amenaza para las familias que viven del atún rojo.

Esto demuestra que la actividad humana bien regulada y respetuosa, puede ser una aliada de la conservación de la naturaleza. Mientras tanto, es importante perseguir y prohibir técnicas de pesca que dañan de manera trágica nuestros mares porque no solo estaríamos protegiendo al atún rojo y a las orcas, sino a nosotros mismos.

Las orcas del Estrecho de Gibraltar dependen del atún rojo y de el comportamiento humano. Conocer como sobreviven no solo es fascinante sino que nos ayudará a entender mejor como funciona el medio ambiente y como protegerlo. La pesca puede ser amiga de la conservación. Preservemos inteligentemente nuestra naturaleza salvaje.

 

Imagen: Orca (www.bioblogia.com)

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