La gran herida abierta del Mar Menor

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Medio Ambiente

La gran herida abierta del Mar Menor

Por Mi_Nueva_Edad, | 13 Junio, 2016

Quien tiene algún recuerdo que compartir del Mar Menor, en la costa murciana, conoce los secretos que este rico ecosistema escondía. Los mayores de 50 lo recuerdan bien e incluso los que son un poco más jóvenes. A quien le preocupe la conservación del medio ambiente, debería leer y actuar, porque la contaminación de sus aguas lo ha puesto en jake.

Un mar diminuto, una laguna salada, ni una cosa ni la otra, un entorno único en Europa y casi en el mundo. Un mar ancestral en el que se asentaron las culturas desde hace miles de años, entorno a sus aguas tranquilas y ricas en especies, adaptadas a su elevada salinidad, de menor tamaño, como su propia casa.

Quien ha comido su pescado y marisco, sus ostras, sabe de su intensísimo sabor a mar. Quien ha navegado sus aguas calmas y recorrido sus islas, comprende su valor.

Quien se ha bañado en sus aguas calientes en verano, quien ha chapoteado en ellas, quien se ha cubierto con sus lodos medicinales o sus aguas cargadas de yodo, quien ha construido castillos de arena en su orilla o ha buceado en busca de anguilas o de caballitos de mar, sabe que este es un lugar especial, bello e irrepetible.

¿Contra quien luchamos?

Pero el hombre que siempre había respetado este paraiso e incluso venerado, desde hace décadas le ha declarado la guerra y él, herido y acorralado, desconcertado, no sabe como escapar.

La masificación de construcciones en sus riberas, especialmente con la creación de La Manga del Mar Menor, esa lengua larga que apenas lo separa del Mediterráneo, en las décadas en las que el turismo, era el único signo de aperturismo, le dió el primer gran golpe a lo que podría haber sido uno de los mejores, más ricos y particulares enclaves naturales de Europa.

El daño se hizo y tampoco sirve de mucho mirar atrás y lamentarse de lo que pudo ser y no fue. Por desgracia, 50 años después seguimos en guerra con el Mar Menor y parece que el hombre siempre gana. Aquel que no ve más allá del dinero y el camino fácil.

El mar se defiende

Desde hace años, muchas especies han prácticamente desaparecido. La presión urbanística y las explotaciones agrícolas del cercano Campo de Cartagena, son nuestras particulares armas de destruccíón masiva.

Los nitratos y demás químicos para el tratamiento de los cultivos, se han ido filtrando hasta el mar. Los pozos ilegales y los vertidos al mar, la falta de planificación para que el hombre pueda vivir en armonía con su entorno, están dejando herido de muerte toda su enorme belleza.

Las medusas invasoras llegaron y comenzamos la guerra contra ellas. Pero resulta que su labor regulatoria del ecosistema consistía en filtrar y limpiar las aguas contaminadas.

Sin luz, no hay vida

Las asociaciones ecologistas ANSE y WWF han difundido unos vídeos subacuáticos en los que se observa claramente, como unas algas verdes están dando una oscuridad nunca vista a sus cristalinas aguas https://youtu.be/ngZgXL7Pr04. Y si no hay luz, no hay vida.

La alarma ha saltado como nunca antes. Es necesario crear un plan de emergencia para que agricultura sostenible, turismo sostenible de calidad y naturaleza puedan convivir en armonia. Sólo hay que mirar a la naturaleza para darnos cuenta de como se hace. Lo peor es que sabemos como, pero nos gusta mirar para otro lado.

Salvemos el Mar Menor

Si hace unos meses nos hacíamos eco de una excelente noticia, en la misma tierra, en donde el que fue el río más contaminado de Europa había vuelto a estar pleno de vida, (Río Segura) : ¿por qué no sirve de ejemplo y de orgullo el que hayamos conseguido lo que parecía imposible? Son las dos caras de una misma moneda, en una misma geografía.

Si se consiguió salvar Las Tablas de Daimiel, con mucha ayuda de las oportunas lluvias: ¿por qué no se puede conseguir aquí?

Hagamos presión, difundamos esta noticia, luchemos por lo que es nuestro, de nuestros hijos y de nuestros nietos, pero no sólo nuestro.

Salvemos el Mar Menor, salvemos el Mediterráneo. No dejemos en herencia un mar muerto.

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