Elegancia frente al Cantábrico, en Santander

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Viajes

Elegancia frente al Cantábrico, en Santander

Por Mi_Nueva_Edad, | 04 Marzo, 2016

La elegante, bella y señorial Santander, está en un entorno privilegiado. Marcada por su orografía entre colinas y mar, está esperándote a tí y a tus amigos, para compartir una escapada de diez, en esta Semana Santa.

Aunque el primer asentamiento es de origen romano, el más claro se debe al empuje que ejercieron los musulmanes sobre los hispano-romano-visigodos hacia el norte, allá por el S. VIII. Ellos portaban las reliquias de los santos Emeterio y Caledonio que fueron depositadas en en un complejo termal romano primero, para después construirse una iglesia que terminaría derivando en la catedral allá por el S. XIII.

Santander, con su hermosa bahía bien protegida y orientada al sur, siempre ha estado volcada al mar. Es precisamente por eso que empezó a cobrar importancia con los viajes que de ahí partieron hacia el Nuevo Mundo. Pero lamentablemente sucesivas epidemias de peste no dejaron a la ciudad levantar cabeza hasta el S.XIX, en donde se convirtió en un puerto estratégico.

El entorno de la bahía

Es sin duda uno de los principales atractivos de Santander. Por un lado el perfil de la propia urbe, con sus construcciones decimonónicas y de principos del S. XX, en el que destaca por encima de todos el famoso Palacio de la Magdalena, del que hablaremos más adelante.

Enfrentada a ella, la mar. Sus interminables playas de arenas doradas y sus aguas remansadas de la bahía. Muchos dicen y no sin motivos, que es una de las más bonitas del mundo. Damos fe.

De sus playas destacamos la del Sardinero. Sin duda la mayor y la más afamada. Verdaderamente impresionante. pero no debes quedarte sólo con esta, puesto que hay muchas más tanto cerca del centro urbano como más apartadas del casco.

La de los Peligros (la más céntrica), la de La Magdalena (a los piés del palacio del mismo nombre), El Camello (dentro del Sardinero), Los Molinucos, Mataleñas o Virgen del Mar (calas paradisíacas para perderse), etc.

Dentro de Santander

De visita obligada es su Catedral. De origen gótico y con aspecto casi de fortaleza en su exterior. Cabe destacar de ella sobre todo su precioso retablo de estilo churrigueresco y su claustro gótico.

La Iglesia Del Santísimo Cristo se encuentra en la parte baja de la Catedral y sorprende por su aspecto de techos bajos, a pesar de ser gótica, nos recuerda más a una arquitectura románica.

Otras interesantes visitas de templos son la renacentista de la Anunciación, la barroca de la Consolación y sin duda la pequeña Ermita de La Virgen del Mar, en una colina, lejos ya de la ciudad y dentro de un parque natural, como vigilante de las a veces furiosas aguas del cantábrico.

El Palacio de la Magdalena

Construido a principios del S. XX fue cedido al rey Alfonso XIII en 1912, que la tuvo como residencia veraniega hasta que en 1933 se convirtió en la sede de la Universidad Internacional de Verano Menéndez Pelayo. De ahí hasta nuestros días.

Es un edificio de estilo inglés, que ha marcado para siempre a los santanderinos. Es sin duda el gran emblema de la ciudad. Hermoso, soberbio, refinado...una maravilla.

Menéndez Pelayo

Santander está marcado sobre todo por este intelectual sin parangón en el ámbito nacional. Si queréis conocer algo más sobre él, no te olvides de visitar su Casa-Museo y sobre todo su biblioteca con sus impresionantes fondos con numerosos incunables y su arquitectura deliciosa. Una espacio de ensueño, para retroceder en el tiempo.

La modernidad

Visita su Museo de Arte Moderno y Contemporáneo y su flamante Centro Botín. Este fue diseñado por el prestigioso arquitecto Renzo Piano aboándolo al mar. Es un centro cultural polivalente en el que incluso se imparten cursos de todo tipo y de altísimo nivel.

Y come, que no se te olvide

Cuando vayas a Santander esta Semana Santa, visita cualquiera de sus exquisitos jardines, paséate por sus empinadas calles y come sus excelentes pescados y mariscos. Date una vuelta por el magnífico edificio modernista del Mercado de la Esperanza. Tomate un orujo de lébana en una de sus plazas, tras haberte comido un cocido montañés, un chuletón de buey de la zona o un sobao pasiego.

!Que bien lo vamos a pasar!

 

Fotografía: Palacio de la Magdalena

 

 

 

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