Empatía por Siria en Navidad

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Empatía por Siria en Navidad

Por Mi_Nueva_Edad, | 21 Diciembre, 2016

A unos días de la Navidad, esa época del año en la que nos gusta compartir amor, cariño, buena comida y muchas cosas materiales con amigos y familia, no podemos mirar hacia otro lado del horror que recorre el mundo. La empatía por aquellos que lo sufren, es la cerilla que prende el camino hacia un mundo mejor. Ahora nos ponemos serios.

Seas creyente o no, toda cultura reserva una época del año para el encuentro con el prójimo, para acercarnos a los más queridos y disfrutar de momentos de intimidad que quisiéramos conservar en la memoria para siempre. Por eso y más en estas fechas, no miremos a otro lado.

El ser humano ha visto a lo largo de la historia momentos de verdadero horror. Ha practicado o ha participado por obra u omisión del mismo, ha fomentado la empatía o la ha eliminado de su vocabulario. La eterna lucha entre el bien y el mal.

Pero no cabe simplificar demasiado las cosas. La vida no es simple. El bien y el mal habita en cada uno de nosotros. A veces solo hace falta un pequeño resbalón para traspasar la invisible línea que te sitúa en un lugar o en otro.

Lo que está sucediendo en Siria, es el último de los episodios del horror que ha acaecido en el mundo desde que el mono se hizo más inteligente que el resto de los animales. ¡Menuda paradoja!

El siglo XX y lo que llevamos del XXI cuenta con los episodios de violencia y odio más espeluznantes de nuestra historia sin lugar a dudas, porque es cuando más claramente el ser humano a intentado exterminar a su vecino y por muchas e incomprensibles razones. ¿Acaso hay alguna justificada razón para desear la muerte de alguien?

Estos días estamos viendo a través de redes sociales, de la televisión y de la prensa, como se aniquila a la población civil en Alepo, como un policía turco asesina a los ojos del mundo a un embajador culpabilizándolo de esas muertes y de como otro arrasa un mercado en Berlín por creerse poseedor de no se qué verdad que justifica su acto.

Muchos pensarán que es un problema de otros, que son actos de integristas atrasados y fanáticos de una religión casi infrahumana.

A esos hay que responderles que están equivocados. Que la vida de millones de personas que no son ni fanáticos, ni incultos, ni siquiera integristas religiosos, depende mucho más de lo que imaginamos de nuestra empatía hacia ellos.

Lo que está sucediendo en Siria, es que un puñado de elites de religiosos y/o militares integristas, de políticos con intereses territoriales y económicos del mundo musulmán de dentro y fuera de sus fronteras y de elites políticas y económicas del mundo occidental, tienen otros objetivos distintos a los de ver la vida de los seres humanos como algo inquebrantable.

Esa es la única verdad. Lo dicen todos y cada uno de los que luchan sobre el terreno por cuidar de los que sufren esta guerra: todos ellos quieren repartirse el pastel.

Qué triste imagen...¿verdad? La de un territorio repartido en porciones de una pastel, que simboliza siempre la celebración de un momento feliz en la vida de cualquiera, sobre todo en la de un niño.

Es desasosegante, espeluznante si nos paramos a pensar, en por qué no hacemos algo más por parar una barbarie que más tarde o más temprano nos terminará estallando a todos. Odio que multiplica el odio.

Lo decía una reportera musulmana israelí en la televisión estos días. Un holocausto esta volviendo a suceder en nuestras propias narices, una vez más, y no estamos haciendo nada para evitarlo.

"El mundo no será destruido por aquellos que hacen el mal, sino por aquellos que los ven y no hacen nada". Con esta frase de Albert Einstein terminaba la reportera su alocución.

Empatía y acción, son los dos pasos que tenemos que dar para compartir aquello que necesita nuestro mundo: AMOR. Por la familia, por los amigos y también por aquellos que ni siquiera conocemos. La Navidad nos ha puesto sensibles.

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