El veneno de una avispa, la salvación de muchos

Para poder ofrecer los servicios de la web: y poder administrar la página, Francisca Abellón y, en su caso, otras empresas relacionadas con la prestación de los servicios contenidos en Mi Nueva Edad, guardaremos cierta información en su ordenador mediante el uso de las cookies. Si quiere saber qué son las cookies, cuáles utiliza esta página web y cómo eliminarlas, consulte nuestra política de cookies.

Aceptar
Medio Ambiente

El veneno de una avispa, la salvación de muchos

Por Mi_Nueva_Edad, | 30 Septiembre, 2015

El veneno de una avispa brasileña, la polybia paulista, podría jugar un papel esencial en la lucha contra diversos tipos de cáncer. Esta avispa del sudeste de Brasil, es muy conocida porque el dolor que produce su picadura es muy intenso.

Los científicos no habían pasado por alto su complejo veneno y desde muchos años atrás, ha sido objeto de estudio. Más de cien proteínas y péptidos (que son moléculas más pequeñas que las proteínas), han sido descubiertos en él y se sospecha que todavía queda mucho por hallar.

El veneno de la vida

En principio llamó la atención porque tenía una potente acción antibacteriana. Se pensó en él como una opción diferente al tratamiento con antibióticos. Pero científicos chinos descubrieron que además, atacaba a células cancerígenas.

Ahora, otro grupo de investigadores de la Universidad Estatal Paulista de Brasil, en colaboración con la Universidad de Leeds del Reino Unido, han descubierto el mecanismo por el cual este péptido del veneno, discrimina entre células sanas y células cancerosas.

La clave se encuentra en la membrana de las células. Esta primera capa, está formada por una serie de lípidos (fosfatidilserina o lecitina) y otros elementos. En las células sanas se encuentran en la parte interna, mientras que en las enfermas se sitúan en el exterior.

Pues bien, resulta que el veneno se siente atraído hacia la célula, debido a las cargas electroestáticas opuestas que contienen. El veneno tiene carga positiva y los lípidos de la célula negativa. Este, tiene un fuerte poder para “abrir agujeros” en la membrana y ahí reside su verdadero potencial. Mientras el activo de la avispa “taladra” la célula maligna, otros fármacos podrían atacar el núcleo no protegido y acabar con ella.

Los estudios están en fase de preliminares, pero se cree que en pocos años, una nueva generación de fármacos, nos acercarán mucho más al fin del temido cáncer.

Las composiciones químicas de todo tipo de venenos de origen animal o vegetal u otros elementos orgánicos no paran de darnos sorpresas. Sabemos que estas sustancias, sintetizadas y administradas de forma controlada, son la clave para la cura de muchas de nuestras afecciones. Algunos hasta subrayan, que podríamos encontrar la llave de la inmortalidad o de la eterna juventud.

La farmacia en el bosque

Pero no cabe duda, que atajar y erradicar infecciones y enfermedades e incluso prevenirlas, es el objetivo de nuestros científicos. También saben que sólo tienen que buscar en la naturaleza. Pero ese es precisamente el problema.

La naturaleza nos ofrece infinitas posibilidades. Nos da alimento, nos cede el oxígeno y nos proporciona nuestros medicamentos. Nosotros le pagamos con su destrucción.

La pérdida de la superficie de ecosistemas como el Amazonas en los últimos años, es verdaderamente alarmante. Con ello reducimos los niveles de oxígeno en la atmósfera y desaparecen infinitud de especies que ni siquiera sabíamos que existían. No sólo mutilamos la biodiversidad, sino que nos estamos privando de descubrir los fármacos que nos ayuden a vivir más y mejor. Paradójicamente, es una guerra contra nosotros mismos.

La sabiduría de las otras civilizaciones

Pero hay más. En estos ecosistemas residen tribus, mal llamadas “primitivas”, que llevan miles de años viviendo en armonía con su entorno, del que obtienen alimentos y también remedios a sus dolencias.

Y decimos mal llamadas primitivas porque lo que nosotros entendemos como evolución, no fue sino una obligación por razones de supervivencia, por la falta de recursos. Estos pueblos no necesitaron de tanta tecnología, porque sólo tenían que observar y alargar la mano para obtener lo necesario para la vida. Por ello respetan y adoran la naturaleza, porque es la madre que provee.

Muchos antropólogos y científicos son conscientes de que la pérdida de su hábitat y su desaparición u occidentalización, supone la privación de todo su conocimiento ancestral.

Por todo ello, este artículo se ha tornado un poco amargo. Lo que empezó como una información esperanzadora, se ha convertido en una advertencia. Aunque el objetivo principal sea el de la perpetuación de la especie, estamos obligados a conservar el planeta como nuestro único tesoro.

Ir a listado de noticias

0 comentarios
0 favoritos
0 comentarios en "El veneno de una avispa, la salvación de muchos"

Debes estar registrado para publicar comentarios

Comparte tus valores y compromiso social con Mi Nueva Edad.
Buscamos colaboradores que aporten diversidad a nuestra plataforma, Descarga nuestro Dossier Corporativo
logotipo