Una mujer valiosa

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Economía y Empleo

Una mujer valiosa

Por Mi_Nueva_Edad, | 09 Diciembre, 2015

Uno de los grandes problemas al que se enfrenta nuestra sociedad, es al de la marginación y la discriminación. En muchas ocasiones se tiende a desechar a las personas según su condición social o sexual, según sus creencias religiosas, también las políticas, su raza (que palabra más fea), su sexo o incluso su aspecto físico.

A este tipo de discriminación, se suma otro que a veces pasa más desapercibido y no por ello deja de ser preocupante y en muchos casos alarmante. Se trata de la discriminación por la edad.

Está claro que España tiene un problema muy serio de desempleo. De hecho es la mayor preocupación de la población. El paro juvenil, denota el tipo de país en el que vivimos que es incapaz de ofrecer un futuro esperanzador a sus ciudadanos más jóvenes, hipotecando así sus vidas y a la vez la de las personas mayores y su jubilación.

Pero esta problemática a la que se enfrentan nuestros jóvenes es estructural, no discriminatoria.

Existen otros sectores de población que se enfrentan al problema del paro y que se topan con una situación mucho más dramática e injusta: el paro a partir de los 45 años.

Por eso nos gustaría hablar de Mar, una usuaria de Mi Nueva Edad que supera los 50 años y en situación de desempleo.

Mar es una mujer vital y joven, con ganas y con fuerzas para seguir aportando toda su enorme experiencia. Su currículum es apabullante. Licenciada en Historia por la Universidad de Alcalá de Henares, pronto se dio cuenta que lo suyo no era ni la investigación ni la docencia, así que decidió seguir formándose y abrirse un futuro profesional en el campo de la gestión y organización empresarial.

Su nivel de inglés es extraordinario. Cuando era muy joven estuvo viviendo en Inglaterra en donde trabajó como “au pair”. A lo largo de su vida, ha trabajado como secretaria de dirección, secretaria de ventas y de marketing, traductora y correctora de estilo, ayudante de dirección y de producción dentro del mundo del teatro.

Es experta en protocolo, eventos, gestión, organización, relaciones públicas... Queda claro que, ante un currículum así, nadie se podría resistir a contratarla. Pero tiene un problema a ojos de los demás. Tiene demasiados años.

Por mucho que nos esforcemos, no podemos entender los motivos que llevan a un empresario a no contratar a una mujer con semejante experiencia. De hecho, ella misma afirma con ironía, que la excusa injusta y aberrante a la que muchos empresarios se agarran para no contratar a una mujer, la de la posibilidad de acogerse a una baja por maternidad, con ella no les sirve. Todo suena muy perverso.

Mar es encantadora y luchadora. Escucharla hablar con pasión sobre la vida, sobre sus principios y bagaje, sobre su capacidad de transformarse y reinventarse, sólo produce admiración y fascinación.

Lleva dos años de desempleo y no crean que ha podido estarse quieta en su sillón, esperando que le llueva una oferta. Se ha seguido formando con diversos cursos de marketing, redes sociales, ventas, actos y protocolo. Está inmersa en una aceleradora de proyectos y autoempleo para crear su propio negocio y para rehacerse una vez más.

Y nosotros no podemos más que soltar una risa nerviosa y cargada de ironía: ¿Que necesita hacer Mar para hacer entender, que su talento y preparación podrían ser enormemente útiles para cualquiera? Además nos dice que no se le caen los anillos. Está dispuesta a cuidar a ancianos o a fregar platos en un restaurante. Lo que sea. A cambio recibe como respuesta, que está demasiado preparada para ello.

Llegados a este punto, sólo nos salen palabras malsonantes y nos viene a la memoria el anuncio que puso en un periódico la enorme Bette Davis, tras una vida laboral tan intensa como la suya y con dos premios Oscar en su haber: “Madre de tres hijos de 10, 11 y 15 años, divorciada. Estadounidense. Treinta años de experiencia como actriz de cine. Conservo movilidad; más amable de lo que dicen. Se ofrece para trabajo estable en Hollywood (experiencia en Broadway).” Algo de machismo subyace en la historia de la genial actriz y también en la de nuestra protagonista Mar.

Para nosotros está clara la situación. La sociedad y la administración está permitiendo un tipo de discriminación y marginación de la que muy pocos hablan. Es el estado el que debería ponerse manos a la obra, para incentivar el contrato de estas personas tan capacitadas y para activar programas y campañas que destierren tantos prejuicios anclados treinta o cuarenta años atrás.

¿Qué le pasa a esta sociedad que decide despreciar el talento, la formación, la experiencia, la energía, la curiosidad y el ansia de seguir aprendiendo que desprende Mar? La respuesta no es sencilla. Habría que escarbar muy profundo para entender sobre qué falsos pilares se asientan nuestros valores, nuestra ética y nuestra moral.

Si alguien cree que esta enorme mujer puede ser útil en su negocio, razón aquí.

 

Fotografía: Mar, la segunda por la izquierda, en su adorado puerto de Mundaka

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