Islandia o la isla de los volcanes

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Viajes

Islandia o la isla de los volcanes

Por Mi_Nueva_Edad, | 18 Diciembre, 2015

Muchos de vosotros, os estaréis preguntando si nos hemos vuelto locos, proponiendo un viaje a Islandia, precisamente ahora que el invierno está aquí, a la vuelta de la esquina. Pues bien, explicamos las razones.

Antes de nada, lo primero que tenéis que saber es que, al contrario de lo que se piensa, es una isla bastante templada para la latitud en la que se encuentra. El motivo principal, es que se halla bajo la influencia de la Corriente del Golfo, en su subdivisión de la Corriente del Atlántico Norte, que viaja desde Centroamérica y la abraza. De hecho, en invierno las temperaturas no suelen bajar de -3 grados, a pesar de que en su cara norte, por la pequeña isla de Grimsey, pasa el Circulo Polar Ártico

La Aurora Boreal

La primera es la Aurora Boreal. En estas fechas es cuando mejor se puede disfrutar de uno de los espectáculos naturales más bellos de los acaecidos en el mundo. Una eyección de masa solar, o lo que también se denomina como viento solar, choca con la Magnetósfera de la Tierra, formando luminiscencias de colores brillantes que danzan con unos movimientos verdaderamente hipnotizantes. Islandia, por ello es uno de los mejores destinos para observar este fenómeno y una excusa perfecta para visitarla en invierno.

Islandia en verano

El otro motivo por el que la recomendamos en estas fechas, es el coste bastante elevado de su visita. Por este motivo planificar bien el viaje y ahorrar, es esencial para recorrerla.

Islandia es, sin duda, uno de los lugares más hermosos y estremecedores del mundo. El clima en verano es templado. Las temperaturas rondan los 14 grados de media. Sus paisajes salpicados de glaciares como el Vatnajökul (el más grande de Europa y a la vez el Parque Nacional más grande del continente), de volcanes, de desiertos de lava petrificada, de ríos de origen glacial, lagos, cascadas y cataratas, prados y géiseres, harán de este viaje una experiencia inolvidable.

El carácter

Los islandeses son un pueblo de origen nórdico-vikingo (Noruega y Dinamarca), con una fuerte relación con el pueblo gaélico (Irlanda) y la Islas Feroes, perteneciente a Gran Bretaña. Por eso sus costumbre tienen mucho que ver con la mitología nórdica e incluso con alguna simpática creencia en elfos y trols.

Anécdotas aparte, su carácter está marcado por la fuerte comunión con la naturaleza y su escrupuloso respeto a ella. De hecho, y a modo de ejemplo, Islandia solo tiene una carretera que circunda todo su territorio y de un carril en cada dirección. Su energía proviene principalmente de fuentes naturales como la geotérmica.

Su población apenas supera los 300.000 habitantes de los que la mitad viven en su capital, Reikiavik. Sus habitantes son muy cultos. Uno de cada cuatro de ellos son músicos, por ejemplo. Su democracia es una de las más avanzadas del mundo y comen cosas como el hàkarl, que no es más que tiburón marinado...¡bajo tierra! Pero tranquilos, que no es lo único que podéis comer. Su rica gastronomía se basa en pescados y mariscos y un exquisito cordero que podréis divisar, casi en libertad, en sus prados en verano.

Una isla pequeña, cientos de sitios para visitar

Reikiavik es de estancia obligada. Una pintoresca ciudad con casas de madera y chapa coloreada, que conjuga tradición y modernidad en perfecta armonía. Llena de vida cultural y social, y centro neurálgico de los islandeses. Cerca de ella no te pierdas el Blue Lagoon. Un balneario de aguas termales blanquiazuladas, único en el mundo. Pero tenéis que saber que las aguas termales se encuentran en toda su geografía, sobre todo en la parte occidental.

Visita la catarata más grande de Europa, por caudal y anchura, llamada Dettifoss o el géiser que dio nombre a todos los demás, el Geysir. Recorre la isla en su única carretera, descubre sus cascadas cargadas de toda la fantasía que os podáis imaginar. Deteneos el el lago Jökulsárlón, al sur de la isla, a contemplar sus icebergs flotantes, con betas grises por las cenizas volcánicas, azules y blancos. Y no os despistéis allí, porque puede ser que salga a vuestro encuentro alguna foca.

En fin, que se nos ha quedado corta la recomendación. Tendremos que volver a hablar sobre Islandia y sus tesoros. Si os animáis, no la olvidaréis nunca.

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