Una sana amistad

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Comunidad

Una sana amistad

Por Mi_Nueva_Edad, | 07 Octubre, 2015

Nuestro bienestar, nuestra felicidad y nuestra salud dependen de muchos factores en nuestra vida. Una equilibrada alimentación, ejercicio diario, abandonar o no caer en malos hábitos, etc. Pero a muchos se nos olvida que las relaciones sociales y en concreto la amistad, es fundamental para obtener lo anteriormente enumerado.

La amistad te aleja de la soledad y te alarga la vida

Estamos seguros de ello y la ciencia lo avala. Tener buenos amigos es sinónimo de tener una vida activa, saludable y rica en proyectos. Tener buenos amigos es tener consejeros. Ellos nos ayudan a superar los malos tragos, por medio de la objetividad relativa con la que ven nuestras encrucijadas. Nos advierten sobre caminos erróneos. La amistad fomenta la empatía y la solidaridad.

Los amigos mejoran la confianza en uno mismo a través del sentido de pertenencia al grupo. La autoestima se acrecienta por ello. También lo hace cuando ayudamos a resolver sus problemas, nos sentimos útiles por ello.

Las relaciones sociales reducen los niveles de estrés. Nos embarcan en varios propósitos. Mantener la amistad, que no es poco, alimentarla, hacerla más atractiva, huir de la monotonía con ellos y compartirla cuando se hace muy difícil sobrellevarla.

Olvidar a los amigos, el error de muchos

Las cargas del trabajo y la familia son las prioridades de esta sociedad y lo cierto es que muchas veces es difícil hacer algo más que esto en nuestra cotidianidad. Pero hemos de encontrar el momento para mantener nuestros lazos de amistad fuertes, si queremos sentirnos plenos y felices.

Tenemos que mantener abierto el corazón y la mente a aquellas personas que nos cruzamos en la vida. El saldo de abrazar nuevas amistades y mantener las que ya tenemos es siempre positivo. El miedo a la decepción, al abandono y al fraude, se mantiene latente en la condición humana. Pero el miedo es nuestro principal enemigo. El miedo no controlado nos aísla y como consecuencia de ello nos entristece. Nos ayuda a sobrevivir, pero si dejamos de hacer y de conocer por ello, es capaz de hundirnos.

Cómo alimentar la amistad

-Acéptate y quiérete: cuida tu cuerpo, haz ejercicio, come bien, mantén despierta la curiosidad y no te critiques demasiado. Mírate con ternura. No debes ser tu principal enemigo. Si los demás lo notan, se alejarán. Ser positivo te ayuda a ti y a los demás. Di adiós a la queja permanente.

-Di no a la competencia: esto no es una carrera. En la amistad no hay más premio que la compañía y el cariño del otro. Alégrate de la fortuna de los demás. “Si triunfa uno, triunfa el equipo”.

-Son como son, acéptalos: tu puedes y debes ser un factor para el cambio y para los matices en la evolución de la personalidad de tus amigos, igual que ellos pueden ser un factor para la tuya propia. Enriquecimiento mutuo es crecimiento. No los juzgues. Crear un espacio de libertad entre todos, sin burlas ni menosprecios, es esencial.

-Mantén la oreja abierta: escuchar es fundamental en cualquier tipo de relación. A veces es lo único que le pedimos a alguien. Así que cuida tu lenguaje corporal cuando se dirigen a ti, sobre todo si está abriendo su intimidad contigo. Se empático y no des consejos si no te los han pedido.

-Todo tiene un límite y la asertividad: hay líneas que no se deben rebasar. Respeta la intimidad y la autonomía de los demás. La asertividad, o la capacidad para defender tus posturas y tus derechos, para decir “no”, es fundamental para mantener una amistad saludable.

Recuerda que nunca es tarde para empezar algo nuevo. Un amigo o amiga, te abre nuevos horizontes. La amistad te asegura una vida más feliz, más saludable y más larga. Los amigos son insustituibles; aportan lo que el trabajo y el dinero son incapaces de darte. La vida socialmente activa, complementa a la vida familiar. No renuncies a nada.

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1 comentario
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1 comentario en "Una sana amistad"

Encarna García Pérez escribió 25 de Octubre de 2015 a las 19:17

Completamente de acuerdo. Es una pena que nos olvidemos de estas cosas o que, sencillamente, las desconozcamos.



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